mi historia
Si alguna vez has pasado de noche por la carretera entre Astorga y León, y has visto a alguien caminando por el arcén con luces delante y detrás, puede que fuera yo. Me llamo Roberto, soy veterinario de profesión y he sido un caminante desde siempre.
Baste decir que saqué el carnet de conducir a los 27 años, y a la fuerza: cuando empecé a trabajar en Bembibre, tener coche era obligatorio para poder ejercer. Hasta entonces me había movido siempre con mis propios pies y, francamente, salvo necesidades mayores, he seguido haciéndolo.
Hoy, mis caminatas son algo más largas. A cada una de ellas yo la llamo escapada, y la mayoría empiezan igual: salgo de casa a las nueve de la noche y, a unos 2 kilómetros, enlazo con la Nacional 120 rumbo a León. Son unos 50 kilómetros, entre 9 y 10 horas de camino, y luego vuelvo en autobús.
Todo empezó en 2016, cuando por motivos personales, y a fin de realizar un control del consumo eléctrico en casa, paraba poco en ella, lo imprescindible para el avituallamiento, lo cual me mantuvo caminando muchas horas, digamos que estaba por las tardes caminando; por la mañana trabajando y por la tarde caminando.
Por cierto, de todo esto pude deducir que el mayor vampiro energético de un domicilio es el frigorífico, puesto que luces, etcétera, estaban siempre apagadas al no estar dentro de la vivienda.
Sin darme cuenta, había iniciado un proceso que acabaría consolidándose en algo grande. Al principio me costaba lo mío, porque no tenía preparación, pero poco a poco fui aumentando gradualmente los recorridos.
De 7+7 km (ida y vuelta) pasé a 10+10 km viajes a localidades cercanas a Astorga. Ya bien entrado el año 2016, conseguí dar una súper vuelta a Astorga, por todo el perímetro extrarradio, acabando en 40 km. Aquello me hizo entender hasta dónde podía llegar.
Hoy llevo más de 650 escapadas y más de 70.000 kilómetros caminados, casi dos vueltas al mundo.
Camino de noche porque hay menos vehículos y, sin darme cuenta, comprendí que me venía mejor: me permite concentrarme, planificar y soñar, cosas que durante el día, con tanto entretenimiento visual, era incapaz de hacer.
De dónde viene el nombre
El nombre de “El Crackminante” surge cuando varias personas, en el transcurso de las caminatas, paraban su vehículo (turismos, furgonetas, camiones…) para preguntarme, interesándose por lo que hago. Como despedida o incluso durante la conversación me decían que era un crack e incluso alguno completaba el vocablo por “Crack del Camino”.
Uniendo ambas palabras y haciendo unos ajustes, surgió el vocablo: El Crackminante. Y no estaban muy desacertados porque por crack se entiende una persona especial que hace cosas lejos de lo habitual.
Decir que una persona “es un crack” significa que es muy buena en algo, destacada, excepcional. No tiene connotaciones negativas; es como decir “máquina”, “genio” o “el mejor”.
En este sentido la palabra máquina me la han concedido aplicaciones varias (Sweatcoin, Huawei Salud…) por los registros efectuados dentro de ellas; eres una máquina, un superhumano…
La ruta se convierte en pasión
2016
los inicios
Hago caminatas de 10 km, otras veces subo a los 15. Me cuesta lo mío, porque todavía no tengo la preparación necesaria y suficiente, pero poco a poco voy aumentando los recorridos.
PRIMER GRAN LOGRO
Consigo dar una súper vuelta a Astorga por todo el perímetro extrarradio: 40 kilómetros, un día completo. Es un verdadero récord personal y me da a entender hasta dónde puedo llegar.
PRIMEROS VIAJES LARGOS
Hago un primer viaje con mi hija Sara al Puerto de Manzanal, a unos 25 km de Astorga. Ida y vuelta, unos 50 kilómetros. Este viaje me deja la puerta abierta para iniciar los viajes a León.
LEÓN POR PRIMERA VEZ
Los dos primeros viajes a León los hago acompañado de mi hija Sara. 50 kilómetros que se convertirán en mi ruta habitual.
TENTANDO LA SUERTE
Tentando la suerte y midiendo las posibilidades, planifico dos viajes a Ponferrada, también con Sara: unos 65 km. Nos cuesta lo nuestro, pero lo conseguimos. Ya sé que tengo preparación suficiente para moverme, con mis propios pies grandes distancias.
EN SOLITARIO
Inicio las escapadas en solitario, hablo del viaje número 6 o 7, y me muevo por distintos lugares: Pandorado (Riello), Bembibre, Nogarejas… De muchos de ellos hay que regresar caminando por no haber autobuses, y los 50 km se convierten en 100.
año
año
Un viaje que se alarga
En un viaje de ida y vuelta a Nogarejas, a unos 40 km de Astorga, me propongo ir hasta Puebla de Sanabria y volver a dedo. Tengo la mala pata de no encontrar quien me pare de vuelta. Llegar, llego, y tengo que desandar el camino hasta casi Nogarejas: más de 150 kilómetros, récord personal en aquel momento.
RÉCORD DE DISTANCIA
Rizando el rizo y midiendo el esfuerzo, decido ir hasta Benavente, camino de ida y vuelta. Lo hago en dos ocasiones y en una de ellas alcanzo los 160 kilómetros: 29 horas caminando y unas cuantas más en total, con paradas y avituallamiento incluidos. Es actualmente mi récord personal.
año
año
LOS SALUDOS
Con la pandemia nos permiten a los deportistas salir por la mañana y hago muchas escapadas de Astorga a León. La gente empieza a conocerme por la constancia y asiduidad. Más tarde paso a caminar de noche y muchos vehículos se separan de la línea continua hacia la mediana, algunos con intermitentes, como si me cediesen el paso. Empiezo a registrar cada saludo.
un mes récord
En mayo completo 16 viajes de Astorga a León en un solo mes: 1.205 kilómetros, mi récord personal mensual.
2023
hoy
Hoy llevo más de 650 escapadas, más de 70.000 kilómetros caminados y más de 5.000 horas de caminatas nocturnas. Casi dos vueltas al mundo caminando.
El camino continúa…
Por qué camino
La motivación inicial fue como un reto personal, para valorar en qué medida era capaz de recorrer distancias: cuál era mi aguante, mi resistencia, mi constancia. A medida que iba consiguiendo récords personales, se me abrían puertas para aumentar esas distancias. Esa fue la primera motivación: medirme, ver hasta dónde era capaz de llegar caminando.
Con el tiempo esa motivación fue cambiando. Con las caminatas nocturnas, caminaba para evadirme, soñar, planificar, etcétera. Otra fase, ya avanzadas las caminatas, la constituyeron todos los vehículos que de una u otra forma me saludaban porque me conocían, algunos separándose hacia la mediana con las intermitentes y otros pitando. Esa es una motivación que todavía permanece.
Por qué lo mido
Las medidas en kilómetros hacían referencia, en su día, a los retos personales. Medía y anotaba los kilómetros de cada etapa y, al poderlos ver después, tenía una idea global que me venía bien para futuras escapadas.
Por qué lo documento
Las primeras escapadas fueron simplemente eso, escapadas. Apenas anotaba nada, solo el total de kilómetros que me marcaba el podómetro. Cuando empecé a caminar distancias superiores a 50 kilómetros, tenía que buscar una manera de hacerlas llevaderas, dividiéndolas en etapas.
Esas etapas tenían un sentido no solo de alivio sino de gratitud: me aliviaba saber que no tenía que ir al destino final, sino a la etapa que me tocaba a continuación, y al mismo tiempo me producía la satisfacción de llegar.
Como eran varias etapas a lo largo de los caminos, pensé que lo mejor sería registrarlas, para saber el tiempo que invertía en recorrer cada una de ellas y ver si podía superarlo. También documenté los retos personales, para poder recurrir a registros previos cuando quisiera planificar nuevas escapadas a las mismas zonas.
Con el tiempo he visto que, gracias a eso, puedo saber todo lo que hice desde el inicio hasta hoy, y eso es muy grande. Tengo ahora mismo un cuaderno de bitácora con unas 660 hojas.
Caminar arropado
Desde hace unos años he podido comprobar cómo los vehículos que transitaban por la carretera de noche se convertían en compañeros de las caminatas y, con un gesto de amabilidad, en muchas ocasiones me dejaban espacio, separándose de la línea continua hacia la mediana. Es como si me cediesen el paso. Con el tiempo se han ido sumando más y más vehículos, ligeros y no tan ligeros, en ese claro gesto de amabilidad que yo llamo saludo/pitido, cediéndome el paso.
Estos saludos y estos pitidos se convirtieron en grandes saludos y grandes pitidos, y me explico. Un gran saludo es cuando un vehículo, mucho antes de llegar a mí, se sitúa en el carril contrario hasta que me sobrepasa. Los grandes pitidos no se limitan a pitar: hacen un pitido continuado o incluso improvisan músicas determinadas.
Hay camiones verdaderamente entrañables que, casi un kilómetro antes de verme, se sitúan en la margen izquierda, con intermitentes, como si fuera un juego de luces, y así permanecen hasta que me sobrepasan, a veces con pitidos constantes y melódicos. Ni que decir tiene que esto anima un montón. A muchos de ellos los conozco porque me han parado y hemos podido hablar.
Tengo incluso el WhatsApp de uno de ellos, un gran amigo. Cuando alguna incidencia me impide deambular por esa carretera, se lo comunico para que lo haga saber a sus compañeros, que, como él mismo me ha dicho, me echan de menos. Hay muchísimos vehículos que me ceden el paso con pitidos, y eso ciertamente me agrada, porque es una manera de ir seguro por el camino nocturno.
Aunque yo me digo a mí mismo que camino en solitario, no es del todo cierto: en estas caminatas me acompaña mucha gente, aunque no sea caminando.
